miércoles, 12 de octubre de 2011

IMPORTANCIA DE LA DENTADURA

Con frecuencia debo enviar mis pacientes al odontólogo, por caries o enfermedades de encías, al ortodoncista, por apiñamiento de los dientes o mala mordida, y al cirujano maxilofacial, por  alteraciones de la articulación temporomandibular. Es frecuente que éstos profecionales, a su vés, me remitan sus pacientes.

El hombre no sólo necesita los dientes para morder y masticar: hablar sin dentadura resulta difícil. La higiene es muy importante, pues los dientes son nuestra tarjeta de visita.

Un diente tiene muchas obligaciones que cumplir. La más importante es tomar alimentos y masticarlos. Los incisivos y los colmillos comienzan el trabajo, es decir, dan el mordisco. Están especialmente diseñados para ello, pues poseen un borde afilado y cortante en forma de paleta. Para nuestros antepasados eran todavía mucho más imprescindibles: en la actualidad no ingerimos trozos de carne cruda y con los cuchillos podemos cortar los alimentos mucho mejor.

Una vez en la boca, las muelas y los molares cortan los alimentos en trozos más pequeños y se encargan de triturarlos. Mientras que los dientes delanteros sólo tienen una punta, los molares tienen dos y las muelas entre cuatro y cinco. De esta forma se puede desmenuzar cualquier alimento y prepararlo para la digestión.

Las muelas son con diferencia las más potentes. Poseen de dos a tres raíces, mientras que los demás sólo tienen una. Las que se sitúan en los puntos más internos de la mandíbula se denominan muelas del juicio, pero no siempre crecen del todo y más bien causan problemas porque suelen carecer de espacio suficiente para desarrollarse en el interior de la mandíbula.

 


MORDER FUERTEMENTE Cuando mordemos una manzana, el maxilar inferior se junta con el superior para cortarla. Luego, al masticarla, movemos la mandíbula inferior de un lado hacia el otro y de delante hacia atrás. Durante la masticación los dientes han de ejercer una gran fuerza: en cuestión de segundos se alternan movimientos de presión y descarga.

El mayor esfuerzo de masticación se ejerce con los mulares. Incluso se pueden partir nueces y huesecitos con ayuda de la musculatura de la mandíbula. Algunos artistas circenses tienen esa musculatura tan desarrollada que consiguen una capacidad de presión en cada diente muy superior a la media.

Como un diente tiene que soportar tanto esfuerzo en la masticación, ha de ser muy fuerte y a la vez estar elásticamente anclado al maxilar. De esto se encarga la raíz que sujeta los dos últimos tercios del diente en el interior de las encías. La estrecha hendidura de 0,25 mm entre el hueso y el diente está cubierta de haces de fibras que se estiran y encogen como un acordeón: por eso pueden soportar la fuerza sin romperse o afectar al lecho óseo donde se asientan.

 Un diente sano gira en movimientos horizontales, verticales y cruzados alrededor de su propio eje. Sometido a una fuerza que dure de 2 a 3 segundos, la punta del diente se desplaza hasta 0,25 mm y vuelve a recuperar rápidamente su posición inicial.

Cada diente tiene su corona. El diente se divide en tres partes: la raíz se asienta en el maxilar; la corona es la parte que sobresale del maxilar y resulta visible; por último, el espacio de transición sobre los huesos de la mandíbula, cubierto de la misma mucosa rosa clara y gelatinosa de las encías, es el borde gingival. La masa principal o marfil de los dientes es una sustancia que los odontólogos denominan dentina. La parte interior de la dentina se denomina pulpa y llega hasta el interior de la raíz.

Desde fuera no podemos apreciar el riego interior del diente, y por lo tanto tampoco apreciamos su sensibilidad al dolor. En la pulpa se encuentran los vasos sanguíneos y nervios que llegan al diente por un orificio en el canal de la raíz. Muchos nervios terminan en la dentadura, razón por la que ésta es tan sensible al dolor. Los dientes sanos están recubiertos en su totalidad por un esmalte dental y en la zona de la raíz por cemento dental, de tal manera que toda su superficie es normalmente insensible al dolor.

Tanto los dientes como los huesos contienen un gran porcentaje de componentes inorgánicos. El cemento del diente, punto de sujeción de las fibras de la raíz al diente mismo, es algo más blando que el material óseo y su composición es parecida. El esmalte dental, amarillento o azulado, proporciona a los dientes su brillo característico y es tan fuerte y estable que se necesita un taladro de 8000 U/s para poder abrirlo. La resistencia de este esmalte no es siempre la misma: disminuye de la zona exterior a la interior y de arriba a abajo.
En la parte más potente, el esmalte tiene unos 4 mm. de grosor y es tan resistente como el cristal de cuarzo, mineral con el que se puede rayar el acero. El calcio, el fosfato y el flúor son los principales responsables de que el diente sea impenetrable; en realidad es el hueso más duro del esqueleto.

 En realidad, el esmalte dental es tan duro como el mármol, pero, al igual que éste, no es resistente a los ácidos. Esto supone un gran perjuicio para los dientes, ya que los restos de comida que quedan la superficie y el azúcar se transforman en ácidos. En este sentido, el dicho popular que aconseja comer una manzana después de cada comida no es muy acertado, ya que el azúcar que contiene la fruta acaba afectando al esmalte.
El agente principal de la caries es una placa microscópica constituida por bacterias, partículas de alimento y saliva, que se forma en la superficie del diente. La placa hace más daño cuando se combina con azúcar y resulta especialmente peligrosa si no se elimina durante mucho tiempo.

 Aparte de la limpieza diaria de los dientes, se recomienda no consumir alimentos y bebidas azucaradas todo el día, pues los niveles de ácido se mantendrán elevados y los dientes estarán expuestos continuamente a su ataque. La única defensa natural contra la caries es la saliva, que limpia los dientes, diluye y neutraliza el ácido de la placa que los desgasta.

La dentadura se desgasta con el tiempo y pierde sus cualidades. Los dientes no sólo son necesarios para triturar la comida y masticar sino también para hablar. Las hileras de dientes separan adecuadamente las entradas de aire y así podemos formar y pronuncia correctamente ciertas consonantes como la t y la f. A quienes tienen las arcadas dentales caídas les resulta mucho más difícil hablar con claridad. Tampoco debemos olvidar el valor estético de los dientes.

 Gracias a los avances en las prótesis dentales, hoy no es necesario ocultar la ausencia de algunas piezas encajando un pañuelo en el hueco, como hacía en sus apariciones públicas la reina Isabel I de Inglaterra en el siglo XVI.

Gracias a la colaboración de Pedro J. Altamirano Esc. 11 EET-Salta-Argentina
Fuente Consultada: El Asombroso Cuerpo Humano.

viernes, 12 de agosto de 2011

OTÁLGIA REFLEJA

A veces consultamos al médico por un dolor de oído. Para nuestra sorpresa nos dicen que no tenemos enfermedad de oído. Nos hablan de otálgia refleja  pero ¿qué es ésto?



El dolor se percibe por que tenemos terminaciones nerviosas sensitivas en la mayor parte de las estructuras.  El oído tiene sus terminaciones nerviosas de varias procedencias. Así, lesiones de cara y cuello, externas o internas, pueden causar dolor de oído. El otorrinolaringólogo interroga y examina cara y cuello minuciosamente antes de echar una ojeada al oído doloroso y luego posiblemente vuelva sobre el área sospechosa de patología.

Enfermedades infecciosas o tumorales ubicadas en encías, dentadura, amigdalas, fosas nasales deben ser  identificadas. Con frecuencia el origen del dolor se ubica en inflaciones o disfunciones de la articulación de la mandíbula. Tumores benignos y malignos de parótida, de laringe, tiroides, ganglios también pueden causar otálgia refleja.

Es posible que su médico ordene algunos exámenes especiales o solicite la evaluación de otros especialístas como odontologos, cirujanos maxilofaciales, internistas, hematólogos, etc. en el curso de su seguimiento.

Corregida la causa, el dolor desaparece. No use gotas óticas y no abuse de los analgésicos, por favor.





lunes, 18 de julio de 2011

¿Porqué mi hijo se enferma tanto?

"Si va a una piscina, al parque, si comienza el año escolar, si juega con los vecinos, etc. seguro se enferma.  Ya le dió conjuntivitis y gripe. Hace 2 meses diarrea y faringitis. Y recién se estaba recuperando de una neumonía. Parece que cada 15 días se le inflama la garganta o los oídos, o moquéa o tiene tós. Lo he cambiado de pediatra tres veces porque cuando lo llevo con fiebre le ponen acetaminofen y por supuesto que no se le quita. Hasta que consigo alguno que le indica un antibiótico. Ya hasta le doy sobrantes de antibióticos de otros tratamientos de él o de su hermano. No puedo con los gastos médicos. ¿Será que éste niño tiene algo malo?"

¿Le parece ésta historia conocida?  Si su pediatra ha descartado enfermedades inmunológicas, alérgicas, hereditarias o de otra índole. Y crece y se desarrolla bien en peso y talla. No tiene anemia importante ni parásitos. Quizás el problema lo tenga usted y no el niño. Veamos:

  • El niño tiene pocas defensas. Lo protege un sistema inmunológico todavía inmaduro. Y los agentes que lo agreden (bacterias, virus, hongos, parásitos, tóxicos, antígenos) le causan fiebre porque es la respuesta natural del organismo ante una agresión que ocurre por primera vez. Estos agentes ingresan por las vías respiratorias o digestivas, generalmente.
  • El pediatra debe hacer un seguimiento a largo plazo para asegurarse que el crecimiento y el desarrollo del niño sea el normal, de allí la "consulta de niño sano".  Si llega enfermo tratará y controlará sus procesos patológicos, a lo largo de la evolución natural de su enfermedad, y en cada niño en particular.
  • Hacerlo ver por un médico diferente ( o dos o tres) puede ser contraproducente. Darle antibióticos ante procesos febriles, sin indicios claros de enfermedad bacterial, foco supurativo o complicaciones de un proceso viral, solo por insistencia de los atribulados padres o "por cuidarse las espaldas" puede hacer más mal que bien. Cambiar los tratamientos cada dos o tres días, porque la fiebre no cede, pude llevar mas frustración y gastos.
  • No le de "cualquier cosa " que haya sobrado de un tratamiento anterior, así haya sido exitoso. Puede estar dañado, porque después de abierto, se contamina y deteriora rapidaménte, no importa lo que diga la fecha de vencimiento. Y usted no sabe que tiene el niño y como dosificar los antibióticos, broncodilatadores, etc.
  • Su pediatra puede indicarle que darle al niño mientras lo lleva a la consulta. Si consulta en un puesto de emergencia por la condición del niño, el médico de guardia indicará un tratamiento y quizás exámenes y radiografías. Lleve a su niño con la receta y los exámenes, a su pediatra tratante.
  • Si tiene el teléfono del pediatra o de la clínica (suele estar en la receta), podrá apartar una consulta en días próximos. El médico de guardia podría discutir el caso con su pediatra, si lo considera conveniente.
  • La fiebre ( y el malestar que suele acompañarlo) suele ser un mecanismo de defensa para matar los virus y bacterias. Abolirla no es bueno y hasta podría "intoxicarse" si se dan dosis muy altas, se combinan varios o se dan por mucho tiempo. Se busca evitar que pueda convulsionar por una fiebre muy alta. Aprenda de su pediatra sobre los medios físicos y medicamentos que pueda usar.
  • Las infecciones más comunes son de la porción superior de las vías respiratorias. Y generalmente causadas por adenovirus (de los que hay más de 50 tipos diferentes).  Puede dar síntomas de resfriado común, faringitis, otitis media y fiebre faringoconjuntival ( garganta y ojos). Se contagian rapidamente en piscinas, guarderías y colegios, fiestas, en la consulta del médico y en el entorno familiar, a través de las aguas, el contacto físico, objetos compartidos, etc.
  • La enfermedad puede incubarse por 2 y hasta 14 días, antes de manifestarse con todos sus floridos síntomas. Así que no se desespere. Solo esté atenta:  algunos casos pueden cursar con conjuntivitis hemorrágica, bronquiolítis, cistitis hemorrágica, gastroenteritis, que son cuadros más severos. Otras veces podrían haber cuadros letales (neumonías, meningitis, encefalitis) en niños de 6 meses o menos y en niños con enfermedades de base que comprometan su inmunidad.
  • Si el pediatra solicita evaluaciones especiales o consultas con otras especialidades, deberá retornar a él. Si  busca otro pediatra, llevéle un resumen de su historia clínica o un informe. El simple cartón de vacunación y un montón de quejas no es suficiente.